Cine en las Arribes del Duero

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Doctor Zhivago, La Cabina, Del Pirineo al Duero...

Mapa de La Ribera del Duero en 1641, durante la invasión portuguesa

Cascada del Remolino. ARRIBES DEL DUERO
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viernes, 29 de mayo de 2015

LA VENGANZA- parte V: un cuento de CONTRABANDISTAS

La tradición CONTRABANDISTA en SALAMANCA, Aldeadávila de la Ribera, La Fregeneda, Cerezal de Peñahorcada...una tradición antigua rescatada por nuestra escritora MATILDE CHERNER Y HERNÁNDEZ.

V
“On dit qu’alors, dans son delire
Ella parla d’amour, d’enfer et de trépas,
El que l’aurore qui vint luire
Ne le retrouva pas! “  (J. FAVRE)
Aquel malhadado dia fue para las dos infelices mujeres uno de los mas tristes y dolorosos.
La güelica lloraba, juraba, maldecia la hora en que Dios habia llevado á sí á María la Blanca, y aterrada ante la idea de ir en los dias de la vejez mendigando un asilo de puerta en puerta Caía en una especie de estravío que tenía todas las apariencias de enajenacion mental.
Rosalba por el contrario aparecía serena, aunque abismada en una silenciosa y profunda meditacion.
Sus ojos fijos distraidamente en el espacio parecían esforzarse en penetrar el denso velo que nos separa del mundo de los espíritus, y sus manos cruzadas tranquilamente sobre el pecho tenian toda la inmovilidad de una estatua.
El ligero soplo que agitaba sus encendidos labios era ténue y acompasado como el rumor del céfiro entre las hojas, y su frente morena y reluciente como el bronce bruñido se cubria por intérvalos de una ligera y encendida nube de fuego.
Al ver el abatimiento de la güelica, Rosalba salió aceleradamente, volviendo al poco rato con una bebida compuesta por la mujer del mariscal, y que según decian, era cosa milagrosa para el histérico[1].
-         ¡Señor! ¡Señor! ¿á dónde iré yo? Esclamaba desconsolada la pobre anciana.
-         ¿Y yo? Repetia maquinalmente Rosalba: ¿á dónde iré yo?
Y sus ojos brillaban entonces con una luz siniestra que prestaba á su semblante una espresion feroz y amenazadora.
La noche llegó lóbrega y triste como el corazon que ha perdido la última esperanza.


Los callejones desconocidos de Aldeadávila, Salamanca
Liborio volvió á la media noche un tanto sombrío é impertinente, notándose en sus escasas é insolentes palabras el entorpecimiento del que ha bebido mas que lo que le permiten sus fuerzas.
Amedrentada por la amenaza que Liborio habia hecho al señor cura, la güelica no se atrevió á dirigir á su hijo mas que algunas palabras temblorosas, sirviéndole en silencio la cena, que á pesar de su embriaguez devoraba con apetito brutal.
Despues de haber bebido de nuevo, Liborio tomó un velon reluciente como el oro, y subió la escalerilla del piso principal, tropezando á cada escalon en ambas paredes y amenizando la subida con numerosas y picantes interjecciones.alabras temblorosas, sirviebido mas que lo que le permiten sus fuerzas.
Un cuarto de hora despues las dos mujeres, creyendo ver fantasmas en su propia sombra, subieron de puntillas la escalera.
Liborio completamente vestido roncaba como un liron, tendido sobre el lecho nupcial.
Siempre de puntillas bajaron entonces á la salita, y cerrando cuidadosamente la puerta se abrazaron, llorando como dos palomas heridas por el mismo dardo.
-Hija, balbuceó la güelica, vamos antes de recogernos á rezar el escapulario á la Virgen del Cármen para que nos ilumine, porque tengo para mí, pobre pecadora, que voy á perder la cabeza antes de muchas horas.
Y la güelica sacó de su arcon un pedacito del cirio que habia llevado á la parroquia el Jueves Santo, y colocándole en un antiguo candelabro de bronce, heredado de padres á hijos y que no salia mas que cuando daban el Viático en la familia, le encendió con la mayor devocion ante una polvorosa estampa de la Vírgen del cármen que Liborio le habia traido, siendo niño, de la Fregeneda, y se puso á rezar el escapulario con esa fe que todo lo ensalza y todo lo santifica.
Rosalba equivocaba el rezo á cada palabra, empezando dos ó tres veces el mismo Pater noster.

A pesar de la escitacion de su espíritu la güelica empezó a bostezar y á dar cabezadas atacada de una fuerte somnolencia.
Liborio volvió á la media noche un tanto sombrío é impertinente, notándose en sus escasas é insolentes palabras el entorpecimiento del que ha bebido mas que lo que le permiten sus fuerzas.
Amedrentada por la amenaza que Liborio habia hecho al señor cura, la güelica no se atrevió á dirigir á su hijo mas que algunas palabras temblorosas, sirviéndole en silencio la cena, que á pesar de su embriaguez devoraba con apetito brutal.
Despues de haber bebido de nuevo, Liborio tomó un velon reluciente como el oro, y subió la escalerilla del piso principal, tropezando á cada escalon en ambas paredes y amenizando la subida con numerosas y picantes interjecciones.alabras temblorosas, sirviebido mas que lo que le permiten sus fuerzas.
Un cuarto de hora despues las dos mujeres, creyendo ver fantasmas en su propia sombra, subieron de puntillas la escalera.
Liborio completamente vestido roncaba como un liron, tendido sobre el lecho nupcial.
Siempre de puntillas bajaron entonces á la salita, y cerrando cuidadosamente la puerta se abrazaron, llorando como dos palomas heridas por el mismo dardo.
-Hija, balbuceó la güelica, vamos antes de recogernos á rezar el escapulario á la Virgen del Cármen para que nos ilumine, porque tengo para mí, pobre pecadora, que voy á perder la cabeza antes de muchas horas.
Y la güelica sacó de su arcon un pedacito del cirio que habia llevado á la parroquia el Jueves Santo, y colocándole en un antiguo candelabro de bronce, heredado de padres á hijos y que no salia mas que cuando daban el Viático en la familia, le encendió con la mayor devocion ante una polvorosa estampa de la Vírgen del cármen que Liborio le habia traido, siendo niño, de la Fregeneda, y se puso á rezar el escapulario con esa fe que todo lo ensalza y todo lo santifica.
Rosalba equivocaba el rezo á cada palabra, empezando dos ó tres veces el mismo Pater noster.
A pesar de la escitacion de su espíritu la güelica empezó a bostezar y á dar cabezadas atacada de una fuerte somnolencia.
Abuela, dijo Rosalba, procurando sofocar la emocion que agitaba sus encendidos labios: váyase vuesa merced á la cama, que harto cansada estará de llorar y cavilar todo el dia.
La güelica, que rara vez se dejaba tentar del sueño, comprendió y con razon que aquel adormecimiento era el efecto del antehistérico[1], y á fin de pasar la noche sin penas ni fatigas tomó de nuevo la medicina y se acostó, recomendando á Rosalba que estuviese con cuidado para despertarla de madrugada, cuidando tambien de apagar el cirio para que no ocurriese una desgracia.
Rosalba se arrodilló de nuevo ante la imágen de la Vírgen, y sus labios se movian acompasadamente como si rezase; pero su espíritu se perdia en las mas terribles y sombrías alucinaciones.


Luego que vió a la güelica profundamente dormida, Rosalba se levantó encendida y calenturienta como una febricitante, y se arrodilló silenciosamente al pie de su lecho, besando repetidas veces la orla de la sobrecama y llevándose las dos manos al corazon, que parecia salírsele del pecho.
Luego se dirigió á la cuna donde las dos niñas dormian tranquilas y risueñas como dos ángeles.
Rosalba se arrodilló tambien al pie de la cuna, y estendiendo las manos sobre las rubias cabecitas murmuró algunas palabras con voz imperceptible, dejando correr sus lágrimas hasta entonces trabajosamente comprimidas.
Aquella despedida parecia ser para Rosalba la mas dolorosa prueba. La desgraciada jóven, agitada por una terrible convulsion, se mordia los labios, se mesaba los cabellos y estendía de nuevo sus manos sobre la cuna como si le faltara el valor.
Liborio roncaba tranquilamente sobre su lecho, soñando tal vez con la dicha que le brindaba de nuevo su dorada copa.
Segura ya de que su dichoso burlador no podia oirla, Rosalba furiosa como un tigre, animada únicamente por el deseo de lavar en la sangre del seductor las repetidas infamias con que habia pagado su cariño, se lanzó trémula y delirante hácia la alcoba, sin cuidarse siquiera de cerrar la puerta de la saleta, que habia dejado abierta de par en par.
A la mañana siguiente la güelica que á despecho de la accion calmante del antehistérico, se despertaba siempre con el alba, vió con espanto que la cama de Rosalba permanecia intacta, y que la moza se habia ya cansado de dar vueltas por la casa y por el corral sin que le fuera posible dar con ella.
Aunque segura de que Rosalba no se hubiera atrevido en manera alguna á traspasar los umbrales de la habitacion de su hijo, y mucho menos en tales dias, la pobre madre subió la escalerilla nublados los ojos y agitado el corazon por un doloroso presentimiento.
Al llegar á la puerta de la sala que encontró abierta de par en par, la güelica percibió distintamente un tristísimo y prolongado gemido.
Pálida y aterrada la pobre anciana, ganó de un salto la puerta de la alcoba, lanzando un grito desgarrador que resonó con la velocidad del rayo en las solitarias calles de la aldea.
Liborio yacia sobre su lecho bárbaramente degollado, y Rosalba herida mortalmente en el cuello, luchaba revolcándose en un rio de sangre con las convulsiones de la agonía.
En el momento supremo, su debilidad de mujer la habia hecho traicion, la mano habia vacilado, y aunque muy pocos le quedaban todavía algunos instantes de vida.
La desventurada güelica supo entonces de boca de la moribunda que Liborio era el infame seductor que habia envenenado la vida de aquella desgraciada, y abrazándose con delirio al mutilado cadáver de su hijo, tornaba todavía los ojos hácia la infeliz que desconfiando de la justicia de Dios, habia ejercido por sí misma tan horrible venganza.
Cuando los vecinos atraidos por los gritos de la desconsolada madre, lograron penetrar en la estancia, Rosalba habia espirado ya, rogando encarecidamente á los que la escuchaban que hiciesen colocar su cadáver a lado de su víctima” .
FIN
La historia, como tantas otras de aquellos años en las Arribes salmantinas, tiene un final de muerte y de tragedia. Matilde Cherner, gran inspiradora de esta novela corta, sino su escritora, desconociendo su propio final, anticipa su propio suicidio, y también por amor.
¿Se trata de una autobiografía del desamor de Matilde Cherner? 




[1] Preparado medicinal similar a los tranquilizantes actuales.


[1] Una nueva faceta de la superstición popular en nuestros pueblos de Las Arribes.

martes, 12 de mayo de 2015

Las VENGANZA, parte II: un cuento de contrabandistas

Parte II del cuento de contrabandistas en LA RIBERA DE SALAMANCA, escrito por MATILDE CHERNER y publicado por Robustiana Armiño de Cuesta en 1862.

En este capítulo nos habla de la creencia en brujas, diablillos, demonios, familiares,...las ancestrales brujerías de las ARRIBES DEL DUERO.

II
La Perlita se casó,
Se fue á vivir a la playa,

Cogiéronla los armeros,
Diéronla para una saya.
Perlita, ¿qué será de ti?
Perlita, ¿qué será de ti?,
Piensas que nadie lo sabe,
Y todo se sabe aquí”                   (Canción popular)


“Rosa permaneció por algunos dias encerrada en su cuarto, jurando y persiguiendo como un presidiario, y desoyendo los consejos de la cirujana, que con el pretesto de consolarla, entraba en la casa por la mañana, y no salia hasta muy cerrada la noche.
De repente Rosa cesó de llorar, trenzó de nuevo sus negros y abundantes cabellos, y se presento en la iglesia acompañada de la cirujana, que no cesaba de repetirla seis veces por hóra:
-“ ¡Gracias á Dios ,hija mia, que te has cansado ya de lloriquear y hacer pucheritos como una tonta. No se acaba el mundo con ese tunante, que mal fin tenga, y estos ojos ,lo vean…nada, nada á rey muerto, rey puesto, y á vivir!
En medio de su dolor y de su vergüenza, que la hacian huir de sus antiguas amigas, Rosa encontraba cierto consuelo en la compañía de aquella mujer charlatana é insustancial, pero que al menos miraba con indulgencia sus gravísimas faltas, y la compadecia y acariciaba como una verdadera madre.
Es verdad que la cirujana obraba solo impulsada por el interes de ganarse la voluntad de la muchacha: pero Rosa, que se veia cuidada á qué quieres boca, que veía la casa arreglada y limpia como una tacita de plata y los mozos de la labor mejor atendidos que nunca, pensaba acerca de aquella pobre mujer como la gran Catalina de Médicis acerca del duque de Guisa, á quien todo el mundo acusaba de obrar tan solo impulsado por sus ambiciosas miras.
-“ Si nos sirve como ninguno, ¿qué nos importa que á la vez se sirva también á sí mismo? “
Rosa asistia á la misa los domingos, recorria las eras, los olivares y los viñedos; pero ni acudia al baile como las demas mozas del lugar, ni se la veia jamas con ninguna de sus antiguas amigas, de las que parecia haberse olvidado por completo.
Su rostro hermoso y apacible estaba con frecuencia iluminado por una vaga y melancólica sonrisa, que prestaba nuevo encanto á sus labios delgados y encendidos como claveles; pero el profundo rayo de su pupila, se habia reconcentrado en el fondo de las órbitas de una manera misteriosa, como si ajena á todos los sucesos del mundo esterior dirigiese las miradas al fondo de su joven y destrozado corazon.
Animado por la intimidad que reinaba entre las dos nuevas amigas, el padre de Rosa (á la que comunmente llamaban en el pueblo Rosalba) se atrevió á demostrar á su hija todas las ventajas que le traeria el que la cirujana entrase por completo en la casa, y lo mucho que debia prometerse de una mujer que, como decian en el lugar, veía el sol por las espaldas de la chica, y que solo por ella habia dejado la tertulia del estanco, con su brisca y su truquiflor, y sus copillas de anisete.
Con gran asombro del labrador, Rosalba, que siempre se habia opuesto con toda su energía á que mujer alguna ocupase el puesto de su santa y virtuosa madre, accedió de buenas á primeras á la propuesta, y á los pocos dias la cirujana cubierta de moños y colorines entraba en plena posesion de la casa de su nuevo marido, siendo lo mas notable que la muchacha, que habia sido toda la vida voluntariosa é indomable, era para con su madrastra mas humilde y suave que una malva.
Pero ¿quién puede penetrar los misterios que encierra en sus profundos senos el corazon de la mujer?
Rosalba, la hermosa Rosalba, la que parecía ya curada de su dolorosa herida, estaba cada vez mas frenética, mas delirante, mas celosa, entregándose con frecuencia en sus noches de insomnio á los accesos de la mas funesta desesperacion.
Desde aquel negro dia en que otra mujer se haía unido para siempre al que tan villanamente la habia deshonrado, “no hubo ya para Rosalba ni sombra, pena ni alegría: no hubo ya mas que un pensamiento unico, el de la realizacion de su venganza”[1].
Esclava de aquel pensamiento que la dominaba de una manera horrible, resuelta á sacrificar por él todos los intereses materiales, que miraba ya con la mas glacial indiferencia, Rosalba, que pasaba la vida en acecho, logró averiguar al cabo de algunos meses que su pérfido amante, labrador y contrabandista á la vez, hacia frecuentes escursiones á Portugal, dejando á su joven esposa en el hogar  en compañía de su madre, mujer laboriosa y caritativa que profesaba á su nuera el mas tierno y desinteresado cariño.

Aunque la nueva de aquella vida nómada desconcertaba por completo sus bien combinados planes, Rosalba, dotada de esa fortaleza que hace de la mujer un héroe, aguardó resignada mes tras mes y año tras año la ocasión de llevar á cabo aquella venganza, cuya idea era la que animaba su miserable y desesperada existencia.
A los dos años, y como si el destino quisiese acelerar el logro de sus feroces deseos, el padre de Rosalba falleció repentinamente, dejando á su hija dueña de una fortuna que, residiendo en el pueblo, era mas que suficiente para vivir sin trabajar.
La cirujana maldecia su suerte, se retorcia las manos, y maldecía tambien la ceguedad del difunto á que dia por dia habia estado acosando en vano para que dejase bien arreglados sus asuntos.
Preocupada únicamente por el deseo de lavar en sangre su afrenta, Rosalba ofreció solemnemente á la cirujana dejarla en completa posesion de sus pingües haciendas, si ella por su parte se comprometia á poner en juego toda su astucia para ayudarla en el logro de la venganza con que incesantemente deliraba.
La cirujana, devorada por la codicia y pensando juiciosamente que las haciendas la vendrian muy al caso para conquistarse el amor del fiel de fechos, que le parecia escelente para tercer marido, prometió a Rosalba cuanto quiso, ofreciéndose á servirla á las mil maravillas, y confiándola reservadamente que nada podia escaparse á su penetracion, porque desde los quince abriles tenia pacto con los familiares.[1]
Rosalba que creia á ciegas en duendes y aparecidos, segura ya de que los familiares inspirarian á la cirujana el medio mas seguro de llevar á cabo su objeto, aguardó llena de fe á que llegase el dia marcado por el destino, esperimentando una impaciencia febril cada vez que la vieja se detenia un poco en el estanco á donde habia vuelto á instalarse diariamente unas cuantas horas en busca de novio.
Un año cabal duró la espera, y ya empezaba Rosalba á dudar del poder de los familiares, cuando la cirujana entró un dia cantando y bailando y levantando los brazos frente á su entenada, brillando en sus hundidos y arrugados labios una sonrisa cínica é insolente.
Al ver á su madrastra poseida de tan frenético gozo Rosalba nada preguntó, pero sintió que toda la sangre se le agolpaba al corazon.
-“ ¿No te lo decía yo?” esclamó la cirujana haciendo un gesto de los mas repugnantes: “no hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague”: y Maria la Blanca con su blancura y sus zalamerías se fue á cumplir los veinte años á la tierra, dejándole la silla vacante y dos criaturitas galanas como dos soles para que no se te haga triste la casa.
Insultante é indecoroso sarcasmo, al comprender que “la que le dejaba la silla vacante era una madre jóven y hermosa que acababa de dar á luz su segundo hijo, Rosalba sintió correr por todos sus miembros un escalofrio doloroso y que su frente pálida se cubria de anchas gotas de sudor.
-“ Pues, hija, -añadió la cirujana con entusiasmo sin tener en cuenta la alteracion que revelaba el rostro de la muchacha, - el asunto ha sido que ni á pedir de boca; porque figurate que despues de haber salido á misa de parida, i cuando al ver que andaba tan lista como si tal cosa, su madre se habia ya vuelto á Aldea Dávila, la da un patatus, y sin decir oste ni moste…zas…y aquí paz y des pues gloria; como que se fue al otro mundo sin ver á su marido que hace ya cinco meses cumplidos que anda por esos mundos sin dar siquiera una vuelta por la casa.”
A pesar del afan que mostraba por ver llegar el dia de la venganza; á pesar de los abrasadores celos que le inspiraba la esposa del que tan villanamente habia burlado su amor, Rosalba esperimentaba un malestar indecible, lamentando sinceramente la suerte de la infeliz Maria y devorando en silencio las lágrimas de compasion que se agolpaban á sus ojos.

-“ Ya ves, hija –añadio la cirujana haciéndose aire con su abanico de á dos cuartos –lo que Dios hace está bien hecho; y á rey muerto, rey puesto”, y en lugar de pensar en venganzas y trigedias, sabes que Dios nos manda perdonar las injurias; con que al avio, y á recobrar lo perdido, que mas valen veinte años que veinte doblones de á ochenta, y “del agua vertida, la media cojida”
Rosalba bajó los ojos avergonzada ante aquella mujer que parecia penetrar en lo mas recóndito de su alma.
En pos del sentimiento de compasion que le inspiraba la suerte de aquella desgraciada esposa, se levantaba orgulloso, florido, indomable el amor que ya creia estinguido, el amor que la impelia con una fuerza sobrehumana á los pies de aquel hombre que tan friamente habia ultrajado su peregrina hermosura.
Ciega, desalentada, seducida por las sugestiones de la cirujana que desvanecia uno tras otro todos sus escrúpulos, Rosalba se decidió al fin á seguir á tontas y á locas los consejos de su madrastra que no cesaba de repetirle:
-” ¡Ay, hija mia y qué dias tan hermosos te aguardan!  ¡Bendito sea Dios que al fin y á la postre no se olvida nunca de los suyos!
Y la cirujana autorizada con su basquiña negra que la envolvia como una mortaja, y cubierta con su mantilla de franela calada sobre la frente á manera de toca, salió de su casa á boca de noche, encaminándose con otras comadres á “la cueva del Zorro”, situada en las profundas gargantas de la sierra , y á donde según decia esperaba saber aquella noche el sino con que estaba marcada Rosalba y los resortes que habia de poner en juego para conquistar de nuevo el corazon de Liborio.
Rosalba, dócil en todo á las inspiraciones de la que se habia acostumbrado á mirar como á una verdadera Sibila, encendió un cirio a San Antonio y pasó la noche en oracion, á fin de que se sirviese iluminar á la cirujana en sus profundas investigaciones.
Como una hora antes de amanecer la cirujana volvió á su casa en el mas completo estado de embriaguez, y tartamudeando los mas felices é indeclinables augurios....


La Atalaya de Aldeadávila de la Ribera. ARRIBES DEL DUERO


[1] Nota de la autora: “Pacto con los familiares. El pacto con el diablo no es tan solo una estravagancia de la nebulosa imaginacion de Goethe. En pleno siglo XIX existen todavía muchas personas inspiradas por el fanatismo y mas comunmente por la estafa, confiesan haber hecho pacto con el espíritu de las tinieblas, que en cambio pone á su disposicion un gran número de diablillos microscópicos, llamados familiares, que el poseido guarda casi siempre encerrados en una redoma de cristal, obligándolos á servirle de emisarios en todos sus antojos. Según la tradicion, los familiares hablan mucho, tienen la voz afeminada, y se burlan de sus enemigos, entrando y saliendo en la redoma por arte mágica y revestidos de las formas mas caprichosas. Hace muy pocos meses que una mujer, de las muchas que ejercen en madrid el oficio de adivinas, aseguraba muy formalmente que ella y otros once poseidos iban dos veces cada mes á la una de la madrugada á los campos de Vicálvaro á donde sucesivamente conferenciaban con el demonio por boca de los diablillos familiares, ratificando siempre el pacto con sacrílegos juramentos. Los familiares merced al privilegio de hacerse invisibles hacen penetrar á su poseedor al través de los mas espesos muros colándose casi siempre por el agujero de las cerraduras, y apareciéndose ordinariamente bajo la forma de insectos ó lagartijas”.


[1] Nota de autora: La Madrilana, FOTOGRAFIA XXIII (1ª serie)”

domingo, 19 de abril de 2015

LA VENGANZA de MATILDE CHERNER parte I

Existen parajes, en nuestra Castilla y León asociados para siempre al misterio de viejas historias y leyendas,...parajes naturales que parecen hechizarnos y que nos retrotraen hasta la Edad Media. 
Esta vieja y singular tierra de Las Arribes ha tenido mucha facilidad para crear historias fantásticas, supersticiones ancestrales, y en definitiva contar cuentos.
Esta facilidad para recrear cuentos, historias reales que han ido transformándose en cuentos, o simplemente historias fabuladas basadas en cierta medida en hechos reales, es la que ha engendrado entre nosotros notables “Cuentacuentos” de la literatura española o hispanoamericana. El más célebre ha sido sin duda Hernández Catá, pero no el único.

Página 235 –“Fotografía X” del libro “Fotografías sociales” de Robustiana Armiño, publicado el año 1862.

Ya dos siglos antes, el padre fray Alonso Sendino se hace eco de una conocida tragedia transformada en copla “El Toru de Aldeadávila” de una tradición todavía más anterior, pero también antes que Hernández Catá surge la figura de Matilde Cherner y Hernández, tía segunda suya por parte de madre, natural al igual que los otros dos autores en la misma villa de Aldea-Dávila, que por aquellos años sobrepasaba de largo los 2000 habitantes, gracias a su próspera Aduana terrestre y a la comercialización de sus frutos mediterráneos.

Robustiana Armiño facilitó mucho la entrada de  nuestra protagonista, Matilde en el mundo periodístico y editorial. Sin duda esta historia, esta “Fotografía social” tan del gusto de la “literatura realista” de la segunda mitad del s.XIX fue escuchada por Matilde en su infancia y adolescencia por Aldeadávila, y o bien fue directamente escrita por Matile, centrándose Robustiana únicamente en su publicación –lo que parece más probable-, o bien influyó grandemente en su redacción.

Nota: para ser veraces con la publicación original, transcribiremos literalmente el escrito, aunque los términos y tildes muchas veces, no sean los de nuestro lenguaje actual.
“Fotografía X: Venganza”
“Escucha sueños de rosa
Mecieron mi abril de paz,
Como niña caprichosa,
Ligera cual mariposa
Hendí los aires fugaz.
Y mis alas pintadas
De fúlgido color,
Perdieron en las zarzas
Su místico primor;

Y mi noble corona
De tibio rosicler,
Quemáronla las auras
De amoroso vergel”. (R.A.)

El Picón de Felipe, lugar mítico no sólo de su amor, sino de los contrabandistas de la frontera, en lo más intrincado de ella.

"No lejos de Aldea-Dávila y antes de internarse en el vecino reino de Portugal, cruza el caudaloso Duero plácidas y feraces campiñas donde la naturaleza parece haber reunido todo lo más grande; todo lo más poético de sus caprichosas galas.
Allí encontrais perfumados bosquecillos de naranjos y limoneros, de acacias y de almendros que alfombran el suelo con sus nevadas flores; la higuera de las Indias que se estiende lujuriosa por las tapias de los cercados, las rosadas adelfas, emblema de la belleza y del orgullo, y todos estos árboles y todos estos arbustos confundidos en magnífico desórden entre espesas matas de romeros y tomillares, de amarillas retamas y grosellas silvestres, que brillan á los rayos del sol como transparentes y encendidos rubíes.

Y allá entre un espeso muro de verdura, formado por laberintos de azulados lirios y blancas azucenas que sujetan en sus amorosas redes las caprichosas algas, el Duero, el caudaloso Duero, que ruje embravecido en su profundo cauce guarnecido por ambos lados de elevadas montañas coronadas de pinos y olivos, y orgulloso de verse constantemente acariciado en su camino por la mas rica y exuberante vegetacion.




Allí encontrais ese tipo meridional, ardiente, voluptuoso, que engendra pasiones enérgicas é indomables, la mujer morena de negros ojos y encendidos labios, la mujer de corazon apasionado y varonil que no concibe poder alguno capaz de contrarestar su poderosa é inflexible voluntad.
En la falda de una de las montañas que guarnecen la ribera y que forman por aquella parte la frontera lusitana, estiéndese alegremente al sol del medio día, un gracioso pueblecito de ochenta ó noventa casas á lo mas, y cuyas cenicientas paredes se destacan apenas entre los elevados pinos y frondosos viñedos que bajan escalonados desde la cima de la sierra hasta las románticas márgenes del Duero.




Hija única del mas rico labrador, dotada de una de esas hermosuras soberanas que rinden y avasallan á su paso todas las voluntades, Rosa era sin duda alguna, la mas bella, la más rica, y sobre todo la mas despótica de todas las doncellas de la aldea.

Al perder á su madre que era una santa mujer, dulce y cariñosa como una paloma, pero ascética y severa como un monje, Rosa se encontró á los doce años en completa libertad para seguir los instintos de su corazon ardiente y orgulloso, que la impelia por una senda peligrosa y desconocida.

Su padre anciano ya, y entregado ciegamente al vicio de los naipes, plaga mortífera que devora sin escepcion todas las aldeas, pasábase los dias enteros en el estanco, verdadero garito donde á título de la brisca y el truquiflor, se concluia siempre por el monte, atravesando en tan azaroso juego cantidades enormes, si se considera lo repartida que se encuentra la propiedad en aquel hermoso pais.

Rosa, dueña absoluta de su albedrío y que por otra parte no habia tenido jamas apego alguno á los quehaceres domésticos, pasábase los dias de fiesta en fiesta, y de romería en romería, acompañada constantemente por otras dos  amigas que tan holgazanas como pobres, la seguian á todas partes como dos satélites.

Coqueta por naturaleza y bastante rica para vivir sin trabajar, Rosa, cediendo á su natural inclinacion de burlarse de todos sus adoradores, ponia en juego los mas hábiles resortes para seducir á los que deslumbraba con su belleza, y despues de llevarlos públicamente uncidos al carro de sus caprichos, los heria sin piedad lanzándolos con frecuencia al insondable abismo de la desesperacion.

Las doncellas de la aldea la envidiaban, las madres que se enorgullecian de ver á su lado mancebos de veinte años, la profesaban un odio mortal, y las comadres que en la aldea como en la ciudad se ocupan solo de comentar vidas agenas, se reunian á hilar al sol, refiriendo acerca de Rosa mil anécdotas á cual mas significativas, y cantando maliciosamente al verla pasar:

“ Que bien dijo aquel que dijo
Que la mujer que es hermosa
Lleva desgracia consigo.”

Pero Rosa habia ya cumplido diez y ocho años, y á pesar de que en las familias bien acomodadas las muchachas casi nunca cumplian los diez y seis abriles, nuestra heroína no habia elegido esposo todavía por la sencilla razon de que siendo rica, jóven y hermosa se creia con derecho á unir su mano con la de un medio señor que la llevase á pasar el invierno á La Fregeneda, villa la mas notable y bulliciosa entre las villas fronterizas.


Linha do Ferro sobre o Douro. Al fondo colina de LA FREGENEDA.

Pero en la época á que nos referimos, la célebre zarzuela de Jugar con fuego[1] no había llegado todavía á las fronteras de Portugal, y Rosa que habia acudido siempre ansiosa de conquistas á la feria de la Fregeneda, se enamoró sin adivinarlo siquiera, de un gallardo mozo propietario de numerosas tierras de pan-llevar, y codiciado hasta por algunas familias bien acomodadas de la villa.

Rosa, que no sabía lo que era contrariar un capricho, y que esperimentaba por aquel hombre un verdadero frenesí, corrió desalada en pos de su deseo, presentándose acompañada de su nuevo galan en todos los bailes de la aldea y acudiendo todos los días de mercado á la Fregeneda á donde la aguardaba su al parecer enamorado y lujoso pretendiente.
El padre de Rosa, que deseaba quedarse solo para contraer segundas nupcias con la viuda del cirujano su compañero inseparable de juego y de taberna, aprobaba con toda su alma las relaciones amorosas de su hija, ofreciéndose á darla en dote, á mas de la cuantiosa legítima de su madre, cuatro mil reales en onzas de oro peluconas.

Pero sucedió entonces lo que acontece entones en semejantes casos, y Liborio, que así se llamaba el galan, sondeando hábilmente en el corazon de la enamorada doncella, descubrió en él á la coqueta frívola é insensible que se gozaba en destrozar los corazones de los demas, y solo pensó ya en representar lo mejor que le fuese posible la farsa del “Burlador burlado”.

Queriendo dar á la envanecida Rosa una terrible leccion la mintió un amor tan noble y verdadero, que á los pocos dias ya no se hablaba en el pueblo mas que de la boda, lamentándose las comadres de que se les marchaba la novia al pueblo de su marido situado á mas de diez horas de distancia[1], y ofreciendo las madres limosnas á San Antonio y á las ánimas benditas porque se les desaparecia del pueblo la tentacion.

De repente Liborio se pasó tres dias sin dar cuenta de sí, y Rosa, que como hemos dicho antes, no conocia freno á sus inclinaciones, montó la mejor yegua del establo, dirigiéndose resueltamente á la Fregeneda, y tomando desde allí el camino para ella desconocido del pueblo de su amante sin cuidarse para nada del escándalo que su desaparicion debia forzosamente producir en la aldea.

Apenas echó pie á tierra en el lugar, Rosa oyó con espanto de boca de la posadera, que Liborio se hallaba forastero en Aldea-Dávila á donde habia ido á buscar á una gallarda jóven con la que se habia desposado la víspera, y que era conocida en todos aquellos contornos con el poético nombre de María la Blanca.

Hundida, quebrantada, deshonrada á sus propios ojos y á los de cuantos la conocian, la desventurada jóven, caso sofocada por la cólera, tomó precipitadamente la vuelta de su aldea, maldiciendo el momento en que guiada por su insensata vanidad habia ido á lucir su hermosura en los mercados de la Fregeneda.

En vano procuraba la infeliz ocultar su deshonra á los que la rodeaban; sus accesos de furor le hicieron traicion, y al dia siguiente la cirujana, rodeada de un corro de comadres, vomitaba una nube de maldiciones contra el burlador que habia dejado plantada á la muchacha mas rica del lugar, entorpeciendo con su villanía la boda con que aunque mayor de edad y peinando canas, habia ya contado como cosa hecha.

-“Porque es el caso -añadia furiosa la cirujana-, que el tio Jeromo no quiere oir hablar de iglesia hasta que la muchacha salga de casa, y con la lotería que le ha caido á la pobre chica por mucho que le relucen las espaldas, me parece á mí que tendremos moza para mucho tiempo.

Y las comadres, no por un sentimiento de verdadera compasion, sino por agravar el caso, repetian con tono plañidero:

-“¡ Pobre Rosa! ¡pobre Rosa de mayo!



[1] Por la referencia de distancia que se da, la aldea natal de Rosa podría ser Cerezal de Peñahorcada. 




[1] Zarzuela compuesta por Barbieri en 1851. Lamentablemente no nos da una fecha sobre la antigüedad de la historia; es únicamente un recurso literario de la autora.